miércoles, 23 de mayo de 2012



El amor como energía revolucionaria: 
el caso de Martí y los Cinco




Por Carlos Rodríguez Almaguer.


Hablaremos de un hombre y su tema. Sí, “su tema”, porque las diversas aristas desde las que podemos enfocar el pensamiento, la vida y la obra de José Martí, convergen en un punto ubicado más allá del horizonte tangible: el Amor. Y digo más allá del horizonte tangible porque José Martí es también eso: un horizonte, al que podemos acceder por múltiples caminos. Desde la poesía hasta el derecho, pasando por el periodismo y la oratoria, hasta la diplomacia y la pedagogía y aún más. Fue, en esencia, un Maestro del Amor, pero no del amor expresado solo en forma de afecto o simpatía (lo cual ya fuera suficiente para tener una vida a la vez útil y dichosa) , tampoco hablo del amor carnal (si quisiéramos llamar amor al deseo) sino de un amor mayúsculo que trasciende las relaciones diversas, conflictivas y necesarias establecidas por los hombres en sus diferentes tipos de organización social, para ir a la esencia misma del hombre: su condición humana y su relación con la naturaleza: la Ley del Equilibrio, su “ley matriz y esencial”, el punto neurálgico de su cosmovisión.

Si el amor para la mayoría de los mortales significa un sentimiento, hay un tipo de hombres para los que el amor significa sobre todo una Energía, y en el caso específico de José Martí, el Apóstol de Cuba, esa energía era esencialmente revolucionaria en tanto de ella se alimentó para emprender su magna labor de transformación que abarcó todos los espacios en los que tuvo tiempo de interactuar durante sus brevísimos cuarenta y dos años de existencia física en la segunda mitad del siglo XIX, y cuyo objetivo supremo fue siempre mejorar al ser humano como única y perdurable vía para mejorar las sociedades en que este se organiza, y con ellas mejorar al mundo. “Tenemos —como dice Fina García Marruz en su libro El amor como energía revolucionaria en José Martí— todo  el derecho de no compartir esta visión suya integral, orgánica, del mundo, pero no de ignorarla.”

Puede tenerse una idea de lo que para este hombre significaba ese amor superior cuando descubrimos que, en medio de las más increíbles turbulencias que tuvo que desafiar y vencer en su afán de alistar las conciencias y los corazones para las futuras contiendas de la patria, es capaz de dejar escrito en el álbum de una joven cubana, Clemencia, hija del General Máximo Gómez, que: “La única verdad de esta vida, y la única fuerza es el amor. En él está la salvación y en él está el mando. El patriotismo no es más que amor. La amistad no es más que amor. Y la única almohada en que se descansa de la pena y fealdad que se ve es el hogar donde la modestia se ha puesto la corona de la honra, y solo hay sonrisas para la abnegación y la sinceridad.”[1]

Para quienes han pretendido ver en Martí, tomando en cuenta sus constantes referencias al amor, a un “romántico”, asumiendo este término peyorativamente, sépase que no fue nuestro hombre magno de los que se desmayan al oler una flor, ni inofensiva y arrulladora paloma.  Aquel que supo y dijo que “por la tierra hay que pasar volando, porque de cada grano de polvo se levanta el enemigo a echar abajo, a garfio y a saeta, cuanto nace con alas”, sabía también, y dijo, que “hombres y pueblos van por este mundo hincando el dedo en la carne ajena a ver si es blanda o si resiste, y hay que poner la carne dura, de modo que eche afuera los dedos atrevidos”.

Y romántico, como fue modernista, el hombre que en esencia fue sencillamente original, porque traía la estrella y la paloma en el corazón. Por encima de su estilo literario, está, inundándolo y condicionándolo, su peculiarísima manera de ver el mundo y de penetrar en el misterio de la existencia humana. Su estilo no fue más que la expresión de su sentir y por tanto, expresión menor, porque, dice él, “la poesía escrita es grado inferior de la virtud que la promueve; el hombre es superior a la palabra.”

Más que en las razas, la religión, la posición social o el país de origen, Martí se centró en la capacidad de los hombres para amar y asociarse, porque era allí, diría él, donde estaba “el secreto último de lo humano”. Para este “hombre supremo de la raza”, como lo definiera Gabriela Mistral, “Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan; los que odian y deshacen.” Cualquier otra división entre los hombres la consideraba “un crimen contra la humanidad.”

Sin embargo, parece ser nuestro destino, siempre la humanidad ha repetido una y otra vez la misma historia sin que hasta ahora hayamos aprendido la lección. Hombres y mujeres que desde el amor construyen una vida, una familia, una sociedad; y otros que desde el odio quieren siempre destruir, y veces hasta lo consiguen, una vida, una familia o una sociedad.

Caso raro el de Martí, un humanista que, obligado por las circunstancias, tuvo que organizar una guerra en la que habrían de morir hombres de ambos bandos. Le agregó cuanto adjetivo podía hacerla menos cruel y repudiable: guerra necesaria, necesaria y breve, pero el más conmovedor fue el de “guerra sin odio”. Aparentemente ingenuo, este título era la expresión de una conciencia clara de que “el odio no construye”, “sólo el amor engendra melodías.”

Esta tradición martiana del amor como energía movilizadora para realizar los sueños de justicia humana y en especial los de Cuba, ha sido una de las principales herencias que nos legara el Hombre de la Edad de Oro. Desde Julio Antonio Mella hasta Fidel, pasando por los alfabetizadores y los que pelearon en Girón, hasta los maestros, médicos, constructores y combatientes internacionalistas que contribuyeron a confirmar la máxima martiana de “la identidad universal del hombre”, los cubanos hemos luchado en el día a día por proteger aquella “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud” anunciada por Martí en el prólogo al Ismaelillo.  

Expresión cabal y conmovedora de esta particular manera martiana de asumir el amor como una energía revolucionaria, es el caso de cinco jóvenes cubanos que, por necesidad inaplazable de proteger la obra de amor de su pueblo con todo lo que de sensible y humano esto entraña, no vacilaron en dejar a un lado profesiones y proyectos de vida, alejándose de familias y amigos para entrar, con la estrella que ilumina y mata en la frente y la paloma en el corazón, a las oscuras catacumbas donde anidan el odio y el rencor. Ellos, como Martí en la lucha por la independencia y Fidel en la lucha contra la tiranía, sabían que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor sino de qué lado está el deber.” Y que “este es el verdadero hombre práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana.”

Gerardo, René, Ramón, Fernando y Antonio, son en nuestros días la expresión más alta de esa “fe en el mejoramiento humano” y de “la utilidad de la virtud”. Sus tiranos no han podido doblegarlos porque nada puede el odio contra un hombre que canta en el silencio, cuya energía vital proviene del amor que profesa por la más alta de las causas humanas que es la justicia: “Ese sol del mundo moral” del que hablara en su tiempo y para todos los tiempos el sabio Don José de la Luz y Caballero. De esa fe han hecho su escudo, y de tan poderosas ideas han fabricado las trincheras desde donde mantienen a sus enemigos sumidos en la más lastimosa impotencia, cuya expresión más ostensible es la prepotencia con que tratan, desde su posición injusta y denigrante de fuerza, a nuestros cinco hermanos.

 Desde sus cartas familiares, donde el amor a los suyos es una constante conmovedora y a la vez reveladora de la naturaleza de estos hombres, pasando por la dignidad y firmeza de sus alegatos de defensa que constituyen, sin duda, los principales documentos con que comienza la historia del derecho cubano en el siglo XXI, hasta la ética expresada en su mensaje al pueblo de los Estados Unidos, reconociendo una vez más la diferencia entre pueblo y gobierno norteamericanos, todo en ellos nos acerca a Martí. Pero lo más martiano de su martianidad, si se me acepta la expresión, es su incapacidad total para odiar, siquiera sea a sus verdugos, pues de estos compadecen su pobre humanidad, su indefensión moral. Para ellos sería también la Rosa Blanca. Leyendo sus alegatos, el mensaje al pueblo norteamericano ya citado, los versos de Antonio, Ramón y Gerardo, las cartas de estos y también las de René y Fernando, encontramos expresiones de marcadas resonancias martianas. Desde El Presidio Político en Cuba, los Versos Sencillos, aquellos otros “endecasílabos hirsutos”, hasta las cartas a María Mantilla, desfilan ante nuestros ojos imágenes de una nitidez presencial, casi idénticas, como casi idénticas han sido las circunstancias y el estado del espíritu en que las han producido sus autores.

Léase El dulce abismo, ese texto mayúsculo, expresión sencilla del amor humano, que debería estar en la casa de todo cubano digno porque en esas Cartas de amor y esperanza de cinco familias cubanas, como reza el subtítulo, encontraremos —para decirlo con la escritora norteamericana Alice Walker— “una de las más importantes lecciones (que requiere nuestro tiempo): cómo ser un padre, cómo ser un esposo, como ser un amante.” A lo que agregaríamos, además, “como ser un hijo”. Las familias igualmente revelan la estirpe de sus hijos. No reclaman venganza; demandan justicia. La justicia libera, la venganza corroe.

A través de la poesía, el dibujo, la pintura, la correspondencia epistolar a los familiares, amigos y a los cientos de miles de personas que en todos los idiomas y desde todas partes del mundo les escriben dándoles su apoyo, los Cinco han dado muestras de una fortaleza espiritual inconmovible, demostrando una vez más que “un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército.” El arte, la literatura, la solidaridad, han devenido entonces espacios de libertad que ningún imperio ha podido impedir ni coartar.

Quien lea las cartas de Gerardo y vea sus graciosísimos e inteligentes dibujos, las cartas conmovedoras de René, Fernando y Ramón, o vea las maravillosas pinturas y dibujos de Tony, comprenderán cuanta razón asiste al poeta Miguel Barnet cuando dice, con toda justicia, refiriéndose a ellos que “Ustedes (…) en una celda oscura, son más libres que el aire.”

Resulta de todo punto imposible para la mentalidad usurera y revanchista del gobierno norteamericano, comprender la actitud de los Cinco, como no comprendió tampoco la de Martí e igualmente se equivocó con Fidel, a tal punto que al cabo de todos los fracasos han dejado su vida, como todas las demás, en manos del tiempo. Buscan en las formas políticas, en las generaciones sucesivas, lo que en realidad está en la esencia de la resistencia cubana simbolizada hoy en los Cinco, y que es el haber comprendido a tiempo y convertir en piedra angular de nuestro proyecto social, esta verdad martiana, tremenda e inconmovible: “Los hombres necesitan a menudo quienes les muevan la compasión en el pecho y las lágrimas en los ojos, y les haga el supremo bien de sentirse generosos, que por maravillosa compensación de la naturaleza, aquel que se da crece, y el que se repliega en sí, y vive de pequeños goces y solo piensa avariciosamente en beneficiar sus apetitos, se va trocando de hombre en soledad, y lleva en el pecho todas las canas del invierno, y llega a ser por dentro y a parecer por fuera, insecto.”

Ayer, hoy y siempre, desde José Martí hasta los Cinco Héroes, “el problema, señor —como  diría Silvio Rodríguez— sigue  siendo sembrar amor.”    



[1]  José Martí. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Tomo 5, página 21.

martes, 22 de mayo de 2012

Del alma de la revolución, y del deber de América en Cuba*

Guillermo Castro Herrera
Para Fernando Martínez Heredia, parlamentario en una trinchera
Martí de José Luis Fariñas, pincel y técnica mixta, 2002
Martí de José Luis Fariñas, pincel y técnica mixta, 2002
Hace 51 años ya, el 9 de abril de 1961, se planteaba Ernesto Guevara la pregunta de si Cuba debía ser considerada una excepción o la vanguardia de la lucha revolucionaria en América Latina. Era una pregunta justa entonces, y lo sigue siendo hoy, aun cuando haya cambiado mucho el mundo desde entonces y, con el mundo, hayan cambiado los términos en que sea posible plantear hoy el problema.

Cabría decir hoy, por ejemplo, que Cuba ha ocupado una posición de vanguardia en el proceso de formación de la América Latina contemporánea debido a las características excepcionales de su propio proceso de formación histórica. De este modo, si en la coyuntura de los años 60 Cuba resultó finalmente excepcional, esa misma excepcionalidad desempeñó un papel de primer orden en su capacidad para enfrentar con éxito las terribles presiones de la Guerra Fría, y las del ajuste neoliberal que resultó del fin de aquel período histórico, y desempeñar un papel de excepcional trascendencia histórica en la preservación de las capacidades de lucha y solidaridad de nuestra América.

Ese papel de Cuba en América subyace en una circunstancia en que la América nuestra se ha constituido en un centro de referencia planetario para la formación de una cultura y una política nuevas. Ya no sorprende, en verdad, que Jean Luc Melenchon, el candidato de la izquierda en las recientes elecciones en Francia, reconozca el aporte a la construcción de la propuesta política de su movimiento de la experiencia de los pueblos de Uruguay, Argentina, Ecuador y Bolivia en el enfrentamiento a las peores consecuencias del neoliberalismo. Y este aporte, a su vez, llega a Europa a través de los espacios de participación y dialogo de movimientos como el Foro Social Mundial, nacido y forjado desde la América nuestra también.

No es el caso discutir aquí el detalle de esa excepcionalidad, aunque es indispensable recordar algunos de los rasgos que la caracterizan. El primero y más visible de ellos radica en el hecho de que fuera Cuba la última colonia española en lanzarse a la lucha por su independencia entre 1868 y 1878, cuando el resto de las repúblicas hispanoamericanas entraban de lleno a la consolidación de sus Estados liberales oligárquicos, tras el prolongado período de conflictos internos que siguió a la independencia conquistada entre 1810 y 1825.

Si bien la guerra del 68 no logró obtener la independencia por la cual lucharon los cubanos, demostró la incapacidad de España para derrotar a los insurgentes, con los que se vio obligada a pactar. Además, y sobre todo, tuvo un impacto decisivo en la formación de la identidad nacional cubana, y en la depuración de muchos de los conflictos internos generados por la dominación colonial.

Esto ayuda a entender un segundo rasgo excepcional. En efecto, la segunda fase militar de la lucha de los cubanos por su independencia, entre 1895 y 1898, expresó ya todas las características fundamentales de una guerra de liberación nacional, encaminada a la conquista del poder político para emprender un vasto programa de reforma social, económica y cultural, destinado a crear en la Isla un Estado liberal de carácter democrático y no oligárquico, como habían llegado a ser los del resto de la región.

A lo anterior contribuyeron dos circunstancias puntuales.  Una, la presencia en el movimiento revolucionario cubano de un contingente de intelectuales y profesionales de capas medias sin equivalente en los movimientos de independencia del comienzos del XIX. La segunda, en que esa intelectualidad, que tuvo en Martí su más alto exponente, pudo y supo someter a crítica las debilidades del Estado liberal oligárquico, y los peligros que anunciaba la fortaleza creciente del imperialismo en el sistema mundial.

La presencia de esa intelectualidad está vinculada, además, a un tercer rasgo excepcional: el hecho de que los fines democráticos que alentaban en el proceso revolucionario animaran, desde mediados de la década de 1880, la creación de los medios políticos y culturales necesarios para alcanzarlos, de entre los cuales destacan el Partido Revolucionario Cubano, finalmente establecido en 1891, y su periódico Patria, que le dio voz y perfil. La singular modernidad de esos medios ha sido destacada ya por múltiples estudios. Lo que cabe recalcar aquí es que quienes convocaron a la guerra del 95 lo hicieron a partir de un previo proceso de construcción de un sujeto político nuevo, que reconocía en el Partido Revolucionario una fuente de autoridad moral y política en la medida en que participaba de un modo activo en su vida interna y en la lucha por establecer una república democrática sobre las ruinas de la última colonia española en América.

El alma de la revolución…

El proceso de creación de estas condiciones para la lucha de liberación nacional alcanza expresiones de una singular claridad en tres textos ejemplares de la obra martiana. Nos referimos al ensayo Nuestra América, publicado en México y en Nueva York en enero de 1891; al discurso pronunciado por Martí en el tercer aniversario del Partido Revolucionario Cubano, en 1894, que ha llegado a nosotros con el título El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América y, en 1895, el Manifiesto de Montecristi, que anunció el inicio de la guerra de liberación, y definió lo esencial de sus fines y sus medios.

El primero de ellos, Nuestra América, sintetiza la crítica martiana al Estado liberal oligárquico, y llama a su reforma cultural y moral en nombre de la creación de las condiciones políticas indispensables para resistir con éxito los peligros de la expansión del imperialismo norteamericano, entonces naciente, sobre las jóvenes naciones hispanoamericanas. Hay, aquí, un claro llamado a la joven intelectualidad liberal hispanoamericana, de orientación radical y democrática – que reconocía en Martí al primero entre sus iguales -, a conducir aquel proceso de reforma, proclamando la necesidad de entender que nuestras repúblicas “han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos”, y que gobernante, en pueblos nuevos como los nuestros – donde se imita demasiado, se desdeña lo propio, y se tiende constantemente a reproducir los hábitos del privilegio -, “quiere decir creador”. Y frente a esa situación propone el programa mínimo necesario para encararla y superarla. “A lo que es”, dice, “allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien […] El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.

Esta necesidad de conocer, y de gobernar a nuestros países conforme al conocimiento resultaba tanto más urgente cuanto que la persistencia de los hábitos del mal gobierno entre nosotros venían del hecho de que no había sido atendido aún el problema central de la independencia, que “no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”, de lo cual dependía a su vez la posibilidad de una relación con el sistema mundial guiada por el más sencillo y sensato de los principios: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo;” decía, “pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.”

Esta advertencia se hacía aún más urgente en cuanto se advertía que en ese mundo era visible un peligro para nuestra América, que no le venía “de sí”, sino “de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña.” Y ante ese peligro, de un modo característico en toda su obra política, Martí no se limitaba a advertir el peligro, sino que se adelantaba de inmediato a proponer a forma más adecuada para encararlo:

El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. […] Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente […] ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental.

Esta visión de nuestra América y su lugar en el mundo desempeñó un papel de primer orden en la concepción del programa del Partido Revolucionario Cubano. La independencia de Cuba, en efecto, no podía tener mejor garantía que la de la afirmación de la del resto de los Estados hispanoamericanos. Esa íntima relación tiene una admirable expresión en el discurso que pronunciara Martí en 1894 con motivo del tercer aniversario de la creación del Partido, titulado – justamente – El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América. Allí, el carácter democrático del Partido es definido en directa relación con su propósito mayor: llevar a cabo la empresa, “americana por su alcance y espíritu, de fomentar con orden y auxiliar con todos sus elementos reales–por formas que con el desembarazo de la energía ejecutiva combinan la plenitud de la libertad individual–la revolución de Cuba y Puerto Rico para su independencia absoluta.”

Tal empresa, a su vez, demanda crear el sujeto colectivo capaz de llevarla a cabo. Por ello, y para ello, se ha de entender, dice, que

A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de los unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades–sólo seguro con la abundancia del derecho–vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad.

Y añade:

Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes.[…] Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas porque se acompañen de la riqueza y la cultura.

“Franca y posible,” – culmina – “la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución.

Definido en esos términos el proceso de reforma espiritual que demanda la independencia como medio para erradicar de Cuba el legado terrible del colonialismo, Martí pasa a considerar ese propósito en el marco del escenario mundial en que ha de ser llevado a cabo, en los términos más claros y enérgicos. “Hay que prever,” dice, “y marchar con el mundo”, pues “la junta de voluntades libres del Partido Revolucionario Cubano,” carecería de valor si, “aunque entendiese los problemas internos del país,” y el modo de ponerles remedio, “no se diera cuenta de la misión, aún mayor, a que lo obliga la época en que nace y su posición en el crucero universal.” Por lo mismo, añade, es necesario “tener el valor de la grandeza: y estar a sus deberes.”  Y define enseguida el carácter y alcance de los deberes que demandan ese valor correspondiente a su grandeza:

En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder, –mero fortín de la Roma americana;–y si libres, –y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada, y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio–por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles, –hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.

Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son sólo dos islas las que vamos a libertar.

Por lo mismo, advierte,

Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos [porque] la independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana.

Pocos meses después, al iniciar el tramo final del camino hacia su caída en combate, Martí elabora, en diálogo franco y sincero con Máximo Gómez – junto a Antonio Maceo, grande entre los grandes de la guerra del 68 – el Manifiesto de Montecristi, en el que el alma de la revolución se traduce en el llamado a la guerra que había venido a ser necesaria para encarnarla en una república nueva, construida con todos y para el bien de todos los que la deseaban. A esa guerra – concebida como medio para culminar la revolución iniciada en 1868 – se iba, no invocando la voluntad de uno u otro caudillo, sino “en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo”.

Ese carácter de empresa colectiva, concebida y organizada por medios democráticos en nombre del interés general de la nación cubana, permitía convocar a la guerra necesaria en Cuba “con la plena seguridad”

de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo, por la energía de la revolución pensadora y magnánima, y de la capacidad de los cubanos, cultivada en diez años primeros de fusión sublime, y en las prácticas modernas del gobierno y el trabajo, para salvar la patria desde su raíz de los desacomodos y tanteos, necesarios al principio del siglo, […] en las repúblicas feudales o teóricas de Hispano-América […] que conocían sólo de las libertades el ansia que las conquista, y la soberanía que se gana por pelear por ellas.

Cuba, en efecto, volvía a la guerra “con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América”, y capaz por tanto de constituir su patria “desde sus raíces [...] con formas viables, y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía.” Eso eso permitía definir con especial claridad los propósitos del empeño a que eran convocados los cubanos:

Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural, la realidad de las ideas que producen o apagan los hechos, y la de los hechos que  nacen de las ideas; ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura que modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país […]:–ésos son los deberes, y los intentos, de la revolución.

Y permitía eso también poner en su justa perspectiva el alcance de la empresa a que se convocaba:

La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones [de] americanas, y al equilibrio aun vacilante del mundo.

…y el deber de América en Cuba

Hay, en el Manifiesto de Montecristi, un párrafo especialmente conmovedor. “Honra y conmueve pensar”, se dice allí,

que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo.

Desde la excepcionalidad de su condición histórica, Cuba ha cumplido sin duda alguna con su deber hacia América. Su guerra de liberación nacional inauguró nuestra contemporaneidad en el plano político, como Nuestra América la había anunciado en el cultural. De esa contemporaneidad da cuenta el carácter de los medios políticos y culturales creados para abrirle paso, como de la eficacia de esos medios da cuenta la creación de una identidad nacional cubana capaz de resistir y persistir ante toda forma de opresión y todo intento de agresión. Y da cuenta de ella, también, el hecho de que a 117 años de su caída en combate, podamos hablar con Martí, y no simplemente de él.

América, la nuestra, cumple hoy por su parte con su deber hacia Cuba. Se niega a la complicidad con los que quisieran ver a Cuba excluida de las Américas y, en el momento en que se renueva de la Patagonia al río Bravo la lucha de nuestros pueblos por el derecho al ejercicio fecundo de su identidad, se renueva también el reconocimiento a Cuba por el cumplimiento de los deberes hacia América que emanan del alma de su revolución. No se le reclaman los errores en que pueda haber incurrido – derivados, cuando más, del cumplimiento del mandato martiano de consolar aun a costa del riesgo de errar, “porque el que consuela nunca yerra” -, sino que se camina con ella en el sendero de las rectificaciones que se propone, entendiéndolas como la expresión, allá, del mismo proceso de búsqueda de caminos nuevos hacia un destino común en que coinciden todas nuestras sociedades.

El alma de la revolución se expresa, hoy, en los hechos que confirman – como lo preveía Nuestra América en 1891 – que nuestros países “se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.” Ya no somos “una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño.” El indio ya no está mudo; el negro ya no está “solo y desconocido, entre la olas y las fieras”; el campesino encuentra ahora compatriotas solidarios en la ciudad.

Hoy, de nuevo, se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “«¿Cómo somos?» se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son”, mientras los jóvenes de nuestra América se ponen otra vez “la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación.” El alma de la revolución está en América, con Cuba, como está la América atendiendo a su deber en Cuba. Estamos todos, sin duda, en la hora del recuento y de la marcha unida: ¡Se han puesto en fila los árboles, de nuevo, y empezamos a andar los pueblos en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes!

Muchas gracias

Bibliografía

Martí, José:
·        “Nuestra América.” La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de 1891; El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891.
·        “El tercer año del partido revolucionario cubano.” ( El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América.) Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894.
·        Manifiesto de Montecristi. Montecristi, República Dominicana, 25 de marzo de 1895. José Martí / Máximo Gómez
*Conferencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá

jueves, 17 de mayo de 2012


EL ÁNGEL QUE CAYÓ EN DOS RÍOS

“Se lanza un ángel de la altura,
caída libre que da frío.
La orden de su jefatura
es descender hasta Dos Ríos.
Es diecinueve y también mayo:
Monte de Espuma y Madre Sierra,
cuando otro ángel, a caballo,
cae con los pobres de la Tierra.”

Silvio Rodríguez
Cita con ángeles
Por Carlos Rodríguez Almaguer.

Es sabido que la Historia humana se escribe con sangre. Del alma o de las venas. Aquel aciago mediodía del 19 de mayo de 1895, el “balazo final que venía silbando desde la carta a Collazo”  había llegado a su destino: el cuerpo donde había encarnado el verbo, la palabra de Cuba. Muerto el hombre, aún nos quedó su verbo: la palabra luminosa, y eso fue suficiente para alumbrar los destinos de un pueblo que, en la búsqueda incesante de “toda la justicia” para sí y para los demás, habría de crecer en los próximos cien años como no creció nunca en los cuatro siglos anteriores.
Cayó aquel que fue Apóstol de su propia verdad, de cara al sol, cuando recién comenzaba a desplegar sus alas el “águila de luz” que traía en la coraza que le vestía el pecho; y cuando apenas empezaba a desbrozarse el camino que, una vez expulsada España de Cuba, abriría las puertas para erigir, en el crucero del mundo, la República Moral que concibió tomando para ella lo mejor de todos los modelos a su alcance, pero conservando la originalidad salvadora y la ventaja que le daba la experiencia adquirida en otras repúblicas, pequeñas y grandes, donde, en unas, la mano de la colonia se les había venido encima “disfrazada con el guante de la república”, y en otras, el amor excesivo a una riqueza material egoísta e injusta había trocado el cetro de la libertad en cepo liberticida.
Llamó así a su república porque sabía que en la sociedad humana no puede perdurar una revolución social, ni económica, ni política, si no tiene como sostén más sólido y definitivo la revolución moral que forja a sus defensores y  sus beneficiarios en la fuerza que da la “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud”. “Seamos honrados, cueste lo que cueste, después seremos ricos”, había dicho en sus discursos fundadores aquel hombre lúcido y previsor que reconocía, por un lado, que “en pueblos como en hombres la vida se cimenta sobre la satisfacción de las necesidades materiales”, y al propio tiempo alerta por el otro, apelando una vez más a su teoría del equilibrio,  que “importa poco llenar de trigo los graneros si se desfigura, enturbia y desgrana el carácter nacional. Los pueblos no viven a la larga por el trigo sino por el carácter”. Así invita a los hombres y mujeres de buena voluntad a sumarse a su causa que no sería jamás la del odio, que “no construye”, sino la del amor, que “engendra melodías”.
Para dar una categoría más elevada a la condición humana, aquel a quien Gabriela Mistral definiera como “el hombre más puro de la raza” le creó, entre otras, una palabra más a la ya poderosa lengua de Cervantes: “homagno”, es decir, “hombre magno”, que sería superior por su capacidad de mejorarse en el servicio de la justicia y del bien a los demás. Y de este hombre superior él fue, a la vez, el escultor y el modelo.
La clave de su éxito ha estado en que su paradigma no se aleja del común de los mortales hacia las imposibles regiones de los héroes mitológicos, sino que se queda a habitar entre ellos, pero en una dimensión distinta cuya puerta de entrada es la cotidiana capacidad de sacrificio en bien de los demás, lo cual convierte a la criatura biológica que somos en un ser esencialmente humano. “El genio no puede salvarse en la tierra si no asciende a la suprema dicha de la humildad”. Esta es su tesis al respecto, en apariencias contradictoria para el sentido común, que es el menos común de los sentidos, pero en esencia visionaria y definitiva. Por eso coincido con el maestro Cintio Vitier cuando, refiriéndose a Bolívar y a Martí, habló de “…estos hombres que no tenemos que mitologizar ni humanizar, porque su humanidad fue su mitología y son ellos los que en todo caso pueden humanizarnos…” 
De mirar en las esencias humanas se ha vuelto intemporal. Si su cuerpo físico existió apenas 42 años en la segunda mitad del siglo XIX, su pensamiento ha quedado suspendido sobre la raza de los hombres como guía e inspiración, pues la naturaleza humana no ha cambiado. De ahí que no sería justo hablar de sus ideas en pasado, sino, sobre todo, en futuro, aunque de su muerte biológica, amargamente prematura, podamos transcribir hoy estas mismas dolorosas palabras vertidas por él con motivo de la muerte de otro grande: el venezolano Cecilio Acosta, y se verá cuán legítimamente se le ajustan: “Ha muerto un justo (…). Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres; se le dará gozo con serlo. ¡Qué desconsuelo ver morir, en lo más recio de la faena, a tan gran trabajador! (…) Pudo pasearse, como quien pasea con lo propio, con túnica de apóstol. Los que le vieron en vida le veneran; los que asistieron a su muerte, se estremecen. Su patria, como su hija, debe estar sin consuelo; grande ha sido la amargura de los extraños; grande ha de ser la suya. ¡Y cuando él alzó el vuelo, tenía limpias las alas!”   

martes, 15 de mayo de 2012

Dos semanas después del atentado de Miami, el FBI no ha interrogado un solo sospechoso.  

Descargue el reporte policial del incendio (en inglés)




(Tomado de La polilla Cubana)
Por Jean-Guy Allard

Después de transcurridos unos quince días de los hechos, el equipo antiterrorista y agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) a cargo de la investigación de los hechos, no han detenido ni interrogado a nadie, en relación con el incendio que destruyó una agencia de vuelos chárter a Cuba, según la prensa local.

Un informe del Departamento de Bomberos de Coral Gables, un municipio de Miami, confirma que el incendio que destruyó las oficinas de la agencia Airlne Brokers especializada en los viajes a Cuba, situada en 815, avenida Ponce de León de esta localidad era “intencionado”, evitando de usar la palabra “atentado” que corresponde a este acto criminal.

En Miami, santuario de mercenarios y prófugos de todo el continente,  donde el terrorista internacional Luis Posada Carriles vive libremente, recibe honores y predica el uso de la violencia y del terror contra Cuba la prensa y los organismos oficiales repugnan a referirse por su nombre a un atentado terrorista que destruyó totalmente las oficinas de la agencia Airline Brokers, especializada en los viajes a Cuba.

El FBI de Miami es conocido por su colaboración con los círculos que promueven el terrorismo, por tolerar la presencia en Miami de conocidos grupos terroristas tales como Alpha 66 y Comandos F-4 que mantienen abiertamente locales de trabajo y de reunión, y por conservar lazos con  individuos identificados por sus actividades de terrorismo.

La propietaria de Airline Brokers, Vivian Mannerud, declaró a los bomberos en el propio sitio de la deflagración que había sido objeto de “actividades hostiles debido a la naturaleza de su clientela”, según precisa el informe.

Un investigador del FBI presente, aparentemente al tanto de este precedente, confirmó la información al redactor del informe.

Coral Gables, zona exclusiva donde se encuentra la agencia incendiada, tiene como alcalde a James Cason, un ex jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba y es lugar de residencia de numerosos contrarrevolucionarios cubanoamericanos conocidos.

El informe señala que los expertos hallaron trazas de un “líquido para acelerar el efecto incendiario”, y encontraron, “restos de una botella verde de cristal” así como  “un objeto que parecía ser un trozo de pavimento”, que fue utilizado como “proyectil para romper los cristales del edificio”.

Los investigadores señalan tres focos de incendio en tres lugares distintos del local comercial. Una fosforera desechable fue recogida a poca distancia de la fachada.

El incendio “intencionado” fue tan intenso que la oficina recientemente renovada quedó “pulverizada, hecha escombros y cenizas”.

Fundada en 1982, la agencia Airline Brokers transportó 300 peregrinos  a Cuba con motivo de la visita del papa Benedicto XVI, a fines de marzo pasado,  en colaboración con las autoridades religiosas de Miami.

El atentado ocurrió el día mismo del primer aniversario de la muerte del terrorista internacional Orlando Bosch, fallecido en Miami el 27 de abril de 2011.

jueves, 10 de mayo de 2012

Papa Benedicto XVI aprueba el primer paso hacia la santidad de Félix Varela


Félix VarelaEl papa Benedicto XVI ha reconocido las “virtudes heroicas del Siervo de Dios” el sacerdote cubano Félix Varela (1788-1853), primer paso hacia la santidad del religioso, informó hoy el Vaticano.
El reconocimiento se produjo el pasado 14 de marzo, cuando el papa -precisó hoy el Vaticano- autorizó a la Congregación para la Causa de los Santos que promulgara el decreto por el que se reconocen las “virtudes heroicas al sacerdote cubano nacido en La Habana el 20 de noviembre de 1788 y fallecido en San Agustín (Estados Unidos) el 25 de febrero de 1853″.
Hace varios años durante una visita a Cuba el cardenal secretario de estado vaticano, Tarcisio Bertone, llamó a Félix Varela como “hombre de paz y bien” y “modelo de humanidad”.
Varela está considerado no sólo como el más importante pedagogo y pensador cubano independentista sino también como un sacerdote ejemplar que dedicó su vida a los humildes, los huérfanos y los inmigrantes.
Incansable luchador contra el colonialismo español en la isla, falleció en el destierro en la ciudad de San Agustín, en Florida (EEUU). Sus restos fueron llevados a Cuba en 1911 y reposan en el aula Magna de la Universidad de La Habana.
El proceso diocesano de beatificación del “hombre que nos enseñó a pensar”, como dicen de él los cubanos, se inició en febrero del año 1986.
En el transcurso del mismo muchos han descubierto la riqueza espiritual del padre Varela y en palabras del cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, para dicho proceso se han recopilado sus textos en español e inglés, así como su pensamiento.
Cuba cuenta ya con dos beatos, Olallo Valdés, de la Orden de San Juan de Dios (La Habana 1820-Camagüey 1889) y José López Piteira (Camaguey 1913-Paracuellos del Jarama, España, 1936), que fue beatificado junto a 497 religiosos asesinados durante la Segunda República y la Guerra Civil en España, en 1934 y 1936-39.
El camino hacia la santidad tiene varios escalones: el primero es venerable siervo de Dios, el segundo beato y el tercero santo.
Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona muerta a la que se reconoce haber vivido las virtudes de manera heroica.
Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión y para que sea canonizado (santo) es necesario un segundo milagro. Ese segundo milagro debe ocurrir después de ser proclamado beato.
En el caso de martirio, es decir, aquellos que murieron por no renunciar a la fe católica, no es necesario milagro para ser beatificados, pero sí es obligatorio el milagro para ser canonizado.
Para la Iglesia Católica es mártir quien da la vida por Cristo, quien es testimonio de fe. No se considera mártir a quien la haya dado por un ideal, aunque sea noble.

TOMADO DE CUBADEBATE (Con información de EFE)

Salim Lamrani: “Los franceses tienen ansias de justicia social”

Cecilia Diwan
Cecilia Diwan: ¿Qué impacto va a tener, primero en Francia y luego en Europa el triunfo de Hollande en estas elecciones presidenciales en Francia?
Salim Lamrani: Yo creo que la elección de François Hollande a la presidencia de la República francesa reviste una importancia trascendente por varias razones. Marca indudablemente una ruptura con el gobierno neoliberal anterior, que arremetió contra las conquistas sociales. El balance del gobierno de Nicolás Sarkozy es aterrador al respecto. Es el autor del peor plan social de la Quinta Republica con la supresión de 150.000 puestos de funcionarios en 5 años. Aumentó la edad de retiro, privatizó muchos servicios públicos, cerró escuelas y hospitales, hizo regalos fiscales a las clases más acomodadas de la sociedad. Se disparó la deuda francesa en el espacio de cinco años, se multiplicó por dos. Ahora asciende a 2 billones de euros. Por otra parte, hay cerca de un 10% de la población francesa desempleada y más de 8 millones de ciudadanos que viven por debajo del umbral de la pobreza en un país que es la quinta potencia mundial y que es dos veces más rico que hace 20 años.
El gran problema en Francia no es la falta de riqueza sino su mala repartición. Los que votaron a favor de François Hollande esperan de él que resuelva esta situación. De hecho Hollande habló en su primer discurso de justicia porque los franceses, después de cinco años de gobierno neoliberal, tienen ansias de justicia social y lo han demostrado mediante esta elección. Hay que recordar que el lema oficial de nuestra República es libertad, igualdad, fraternidad. Éste es un primer punto.
También a nivel continental, la elección de Hollande es importante porque por primera vez desde la crisis financiera en 2008 en Europa y la aplicación de medidas de una austeridad extrema, un candidato de izquierda gana unas elecciones presidenciales. En toda Europa hay una mayoría de gobiernos conservadores partidarios de la aplicación de planes de ajuste severos. Con la elección de Hollande se abre una brecha en Europa a favor de una alternativa política que no sea esa ola neoliberal que está destruyendo todas las conquistas sociales. Se rompe el eje Sarkozy-Merkel. Ahora la Alemania de Angela Merkel, favorable a la austeridad, se encuentra aislada. Hollande declaró anoche en su primer discurso que “la austeridad ya no puede ser una fatalidad en Europa”. Es una ruptura muy importante. 
El nuevo presidente francés parece haber comprendido que las actuales políticas de austeridad que promueven las instituciones financieras internacionales y el Banco Central Europeo, y que se aplican en Europa tienen el efecto inverso al que pretenden causar ya que la reducción de los gastos, la disminución de los salarios y de las pensiones de retiro –además de las consecuencias sociales y humanas que ocasionan– conducen inevitablemente a la recesión, a una contracción del consumo.
CD: ¿Qué medidas se pueden esperar entonces después de esta ruptura? Él dice que va a romper con este camino de austeridad. ¿Qué medidas se puede esperar que promueva Hollande sobre todo teniendo en cuenta que Merkel no está dispuesta a renegociar este pacto fiscal que se viene aplicando en Europa?
SL: Efectivamente el principal problema es el de la deuda. Hay dos opciones: el estatu quo que preconiza Angela Merkel o una reforma del Banco Central Europeo para permitirle que preste directamente a los Estados.
El caso emblemático de la crisis financiera en Europa es el caso de Grecia. Sabemos que la crisis griega se podría haber evitado. Habría bastado con que el Banco Central Europeo hubiera prestado directamente a Grecia las sumas necesarias, con la misma tasa de interés con la que presta a los bancos privados, es decir entre el 0% y el 1%. Eso habría impedido toda especulación sobre la deuda por parte del mundo financiero. Pero el problema es que el Tratado de Lisboa que quiere mantener a toda costa Angela Merkel –que, dicho sea de paso, el pueblo francés rechazó por referéndum en 2005 pero el presidente Sarkozy lo impuso por vía parlamentaria tres años después contra la voluntad de los ciudadanos– prohíbe la posibilidad de que el Banco Central preste directamente a los Estados.
Yo creo que Hollande puede convencer a las demás naciones, porque primero las políticas de austeridad son económicamente ineficientes y además es difícil construir Europa sin Francia que es su segunda potencia, como sería difícil edificar una América Latina unida sin Argentina, que es la tercera potencia.
CD: Estamos hablando de lo que va a suceder en Europa después del triunfo de Hollande. ¿Qué se puede esperar que suceda en Francia teniendo en cuenta que en general cuando un presidente gana las elecciones tiene cien días, se podría decir, de luna de miel? Después empiezan las exigencias, pero Hollande en junio va a tener que enfrentarse a unos comicios legislativos. ¿Qué se espera que suceda en esos comicios teniendo en cuenta que la extrema derecha obtuvo un gran porcentaje de los votos en primera vuelta?
SL: Es verdad que la extrema derecha consiguió un 17,9% pero si comparamos este resultado con las elecciones de 2002 podemos decir que el porcentaje de la extrema derecha bajó. En realidad se mantuvo más o menos el nivel de la extrema derecha.
La nueva fuerza política que emergió de la primera vuelta electoral francesa es el Frente de Izquierda que sacó un 11%, o sea 4 millones de votos, los cuales permitieron la elección de François Hollande en la segunda vuelta. El 82% de los que votaron a favor del Frente de Izquierda optaron por François Hollande.
Claro, el nuevo presidente francés quiere una mayoría en el Parlamento. Pero tiene que enfocar su política a lo social, mejorar las condiciones sociales del pueblo francés. Desde luego eso tiene que pasar por el aumento del salario mínimo, que es imprescindible. En la historia francesa, en la historia política francesa, cada vez que gana la izquierda se aumenta el salario mínimo.
Hay que aumentar el salario mínimo porque es lógicamente lo adecuado desde un punto de vista económico, porque cuando se aumenta el salario mínimo se alienta el consumo. Si se alienta el consumo las empresas producen más para responder a esta nueva demanda. Para poder hacerlo tendrán que contratar a gente y así disminuirá el desempleo. El Estado, desde luego, sale ganador porque gastará menos para ayudar a los que no tienen trabajo y por otra parte recaudará más impuestos con estos nuevos trabajadores. Yo creo que el camino viable es aumentar el salario mínimo. (Radio Nacional de Argentina http://www.radionacional.com.ar/, 7 de mayo de 2012)
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Etat de siège. Les sanctions économiques des Etats-Unis contre Cuba, París, Ediciones Estrella, 2011, con un prólogo de Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade. Contacto: Salim.Lamrani@univ-mlv.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel
(Tomado de La Pupila Insomne)

martes, 8 de mayo de 2012

Obama entre dos repúblicas

Iroel Sánchez
El gobernador de La Florida Rick Scott firma la polémica Ley. Foto: AFP

La promulgación en el estado norteamericano de La Florida de una ley que prohíbe a instituciones públicas suscribir contratos con empresas que hagan negocios en Cuba ha levantado un avispero de opiniones a favor y en contra en la ciudad de Miami.
El envío de una carta a Washington por el gobernador floridano Rick Scott, poco después de firmar la ley, reconociendo que esta no puede entrar en vigor sin aprobación del presidente norteamericano y el Congreso federal, desató tal ira entre los voceros del extremismo anticastrista que Scott se vio obligado a declarar que la polémica legislación entrará en vigor el próximo 1ro de julio. Por otra parte, voces del mundo de los negocios como la Cámara de Comercio de la Florida, o importantes analistas legales, han señalado la contradicción de la nueva legislación con el hecho de que la política y el comercio exterior son atribuciones federales.
Incluso, periodistas de largo y hostil currículum contra Cuba, como Andrés Oppenheimer, han afirmado que dicha ley pudiera ser contraproducente al propiciar que otros estados -como Iowa y Kansas, que quieren aumentar sus exportaciones de alimentos a la Isla- emitan leyes que agujereen el bloqueo que hace más de cincuenta años se aplica contra los cubanos.
Pero en un año electoral y tratándose de Miami cualquier cosa puede ocurrir. En 1992 el entonces candidato Bill Clinton ofreció su apoyo a la Ley Torricelli, que reforzaba el bloqueo, obligando al presidente George W. Bush a firmarla. Clinton también fue el firmante, en 1996, de la Ley Helms-Burton que recrudeció aún más el acoso económico a Cuba, aunque  no puso en vigor el capítulo III, que todos los presidentes posteriores han pospuesto,  por su carácter extraterritorial, aspecto que también está presente en la ley firmada por Scott.
La reciente decisión de la Junta de Gobernadores de Transmisiones del gobierno de los Estados Unidos, de respaldar un insultante editorial contra el Cardenal cubano Jaime Ortega, firmado por el director de la emisora gubernamental norteamericana Radio Martí expresa el interés de Washington en no molestar ni con el pétalo de una rosa a los extremistas de Miami.
El origen de la ley firmada por Scott parece estar en los deseos de castigar a la empresa constructora brasileña Odebrecht que ejecuta la remodelación del puerto cubano de Mariel  y que ha realizado importantes obras con financiamiento público en La Florida. Recientemente, en la llamada Cumbre de las Américas la presidenta brasileña, Dilma Rouseff, recordó a su par norteamericano, Barack Obama, que Brasil sólo aceptará ser tratado como un igual y ya representantes del gobierno de Rouseff expresaron su preocupación por la nueva legislación. Así que en algún momento Obama deberá escoger entre la República Independiente de Miami -la ciudad más miserable de EE.UU.- y la República Federativa de Brasil, sexta economía mundial.

(Tomado de La Pupila Insomne)

viernes, 4 de mayo de 2012

Redes sociales: Hegemonía y contrahegemonía entre los EE.UU. y Latinoamérica

Alejandro L. Perdomo Aguilera
Las redes sociales en Internet son, al decir de unos, la nueva arma de las revoluciones, para pena de otros, son también un efectivo mecanismo de dominación ideológica, y un poderoso instrumento del gobierno de los EE.UU. para extraer información sobre los intereses, las vulnerabilidades y potencialidades existentes en Latinoamérica. El acoplamiento del gobierno estadounidense en las redes sociales en Internet (RSI)  denota el marcado interés que adquieren para sus intereses hegemónicos en la región.
La capacidad de las RSI para socializar estados de opinión la convierten en una excelente herramienta de los centros de pensamiento y los medios de comunicación dirigidos por las elites del poder, para hacer llegar a diversos públicos los mensajes de su interés. La rapidez con que fluyen las informaciones en la red, las atractivas formas en que se presentan los mensajes y la concatenación de los estados de opinión con una caracterización ideológica-cultural, socioeconómica y física que se hace de cada internauta, resulta una valiosa información para los entes que controlan los medios de información a nivel global, re-planteando a las redes sociales como un nuevo terreno de combate.
La Administración Obama tomó un interés particular por las redes, vinculándolas al trabajo de los diferentes Departamentos y Agencias gubernamentales, reconociéndolas como unas plataformas de necesario análisis y utilización para la política exterior y de seguridad hacia América Latina, en el contexto actual.  En este afán se destinan un número importante de funcionarios y contratistas, lo que revela su importancia estratégica, para el futuro de las relaciones político-diplomáticas a nivel global.
Sin embargo, las declaraciones de la jefa de la diplomacia Hillary Clinton sobre el tema de la Internet y las redes sociales, se destacan divergencias en dependencia de los tópicos que trate. Por una parte, propugna el derecho a la información y a la libertad de expresión, hallando en las RSI un instrumento para impulsar la influencia de las ideas, la cultura y los valores norteamericanos sobre el resto del mundo. Desde estas, se canalizan como referentes las valoraciones políticas e ideológicas del gobierno estadounidense sobre el mundo,  y qué políticas deben seguirse o no sobre los diferentes temas internacionales.
El Premio Nobel de la Paz
 
Fidel Castro Ruz
Apenas hablaré del pueblo cubano, que un día barrió de su Patria el dominio de Estados Unidos, cuando el sistema imperialista había alcanzado la cúpula de su poder.

Hombres y mujeres de las más diversas edades se han visto desfilar el 1º de Mayo por las plazas más simbólicas de todas las provincias del país.

Nuestra Revolución surgió en el lugar menos esperado por el imperio, en un hemisferio donde actuaba como dueño absoluto.

Cuba pasó a ser el último país en librarse del yugo colonial español y el primero en sacudirse de la odiosa tutela imperialista.

Pienso hoy fundamentalmente en la hermana República Bolivariana de Venezuela y su lucha heroica contra el saqueo despiadado de los recursos con que la naturaleza dotó a ese noble y abnegado pueblo, que un día llevó sus soldados a los rincones apartados de este continente para poner de rodillas al poderío militar español.

Cuba no necesita explicar por qué hemos sido solidarios, no solo con todos los países de este hemisferio, sino también con muchos de África y otras regiones del mundo.

La Revolución Bolivariana ha sido también solidaria con nuestra Patria, y su apoyo a nuestro país se convirtió en un hecho de gran importancia en los años del Período Especial. Esa cooperación sin embargo no fue fruto de solicitud alguna por parte de Cuba, como tampoco lo fue establecer ninguna condición a los pueblos que requirieron de nuestros servicios educacionales o médicos. A Venezuela le habríamos ofrecido en cualquier circunstancia la máxima ayuda.

Cooperar con otros pueblos explotados y pobres fue siempre para los revolucionarios cubanos un principio político y un deber con la humanidad.

Me satisface enormemente observar, como hice ayer a través de Venezolana de Televisión y TeleSur, el profundo impacto que produjo en el pueblo hermano de Venezuela la Ley Orgánica del Trabajo promulgada por el líder bolivariano y Presidente de la República, Hugo Chávez Frías. Jamás vi nada parecido en el escenario político de nuestro hemisferio.

Presté atención a la enorme multitud que se reunió en plazas y avenidas de Caracas y, en especial, las palabras espontáneas de los ciudadanos entrevistados. Pocas veces vi, y tal vez nunca, el nivel de emoción y esperanza que estos ponían en sus declaraciones. Se podía observar con claridad que la inmensa mayoría de la población está constituida por trabajadores humildes. Una verdadera batalla de ideas se está librando con fuerza.

Rafael Correa, presidente de Ecuador, declaró valientemente que más que una época de cambio estamos viviendo un cambio de época. Ambos, Rafael Correa y Hugo Chávez, son cristianos. Obama, en cambio, ¿qué es, en qué cree?

Al cumplirse el primer aniversario del asesinato de Bin Laden, Obama compite con su rival Mitt Romney en la justificación de aquel acto perpetrado en una instalación próxima a la Academia Militar de Pakistán, un país musulmán aliado de Estados Unidos.

Marx y Engels nunca hablaron de asesinar a los burgueses. En el viejo concepto burgués los jueces juzgaban, los verdugos ejecutaban.

No hay dudas de que Obama fue cristiano; en una de las vertientes de esa religión aprendió el oficio de transmitir sus ideas, un arte que le significó mucho en su ascenso acelerado dentro de la jerarquía de su partido.

En la declaración de principios de Filadelfia, en julio de 1776, se afirmaba que todos los hombres nacían libres e iguales y a todos les concedía su creador determinados derechos. Por lo que se conoce, tres cuartos de siglos después de la independencia, los esclavos negros seguían siendo vendidos en las plazas públicas con sus mujeres e hijos, y casi dos siglos después Martin Luther King, premio Nobel de la Paz, tuvo un sueño, pero fue asesinado.

A Obama el tribunal de Oslo le obsequió el suyo y se había convertido casi en una leyenda. Sin embargo millones de personas deben haber visto las escenas. El Premio Nobel Barack Obama, viajó aceleradamente a Afganistán como si el mundo ignorara los asesinatos masivos, la quema de libros que son sagrados para los musulmanes y los ultrajes de los cadáveres de las personas asesinadas.

Nadie que sea honesto estará jamás de acuerdo con los actos terroristas, pero ¿tiene acaso el Presidente de Estados Unidos el derecho a juzgar y el derecho a matar;  a convertirse en tribunal y a la vez en verdugo y llevar a cabo tales crímenes, en un país y contra un pueblo situado en el lado opuesto del planeta?

Vimos al Presidente de Estados Unidos subiendo al trote los peldaños de una empinada escalera, en mangas de camisa, avanzar con pasos acelerados por un pasillo volante y detenerse a endilgarle un discurso a un nutrido contingente de militares que aplaudían con desgano las palabras del ilustre Presidente. Aquellos hombres no eran todos nacidos ciudadanos norteamericanos. Pensaba en los colosales gastos que eso implica y que el mundo paga, pues ¿quién carga con ese enorme gasto que ya rebasa los 15 millones de millones de dólares? Eso es lo que ofrece a la humanidad el ilustre Premio Nobel de la Paz.
Mayo 3 de 2012, 7 y 50 p.m.
(Tomado de Cubadebate)